viernes, 24 de octubre de 2008
Los monstruos imponen el 'Camino'
CARLOS BOYERO
Vi (o más gráficamente, sufrí) Camino en un pase hace dos semanas. En soledad, anhelando que terminara el calvario de la niña que la protagoniza, sintiéndome revuelto en cuerpo y alma. Cuando me preguntan que si me ha gustado, descubro que el término gustar puede ser completamente inapropiado, incluso frívolo para juzgarla. Me horroriza el universo que describe Javier Fesser e imagino que ése era su propósito al desarrollar esta historia de terror, de monstruos manipulando el intolerable dolor de una criatura letalmente enferma, ofreciendo su inmolación con infinita crueldad a un dios desconocido. En mi caso, el director ha conseguido hacerme pasar dos horas infernales, que desvíe la mirada de la pantalla, que pasado el tiempo mantenga en la retina y en el oído la cara y la voz de esa niña, el estupor y el asco hacia la secta de modales suaves, dialéctica meliflua, consignas implacables y fines salvajemente primitivos que la utilizan como sacrificio religioso. Es el precio sensitivo que tengo que pagar como espectador al ser testigo del funcionamiento, los mecanismos psicológicos, la metodología, el anverso y el reverso de los templos del fanatismo, sea éste en nombre de Alá, de Dios o de Satanás. Supondría un alivio imaginar que lo que nos muestran es ficción, una narración sobre princesas desamparadas y villanos indestructibles que mancillan su inocencia y las obligan a corromperse, una batalla entre la luz y la oscuridad en la que forzosamente tiene que aparecer y triunfar el paladín del bien, una fábula convenientemente maniquea con tranquilizador o exaltante final feliz. No lo es. Hasta los habitantes del limbo saben que Javier Fesser está hablando de la Obra, de los principios, comportamientos, rituales, objetivos terrenales y celestiales de una organización religiosa que nunca ha descuidado el poder económico, político y social.
Berlanga nos hizo reír utilizando la sátira con personajes del Opus Dei en la espléndida La escopeta nacional. Esa novela tan eficaz en sus propósitos de comercialidad como chapuceramente escrita titulada El Código Da Vinci consiguió el desgarro de vestiduras y la inhabitual quejumbre pública de los discretos hijos espirituales de Escrivá de Balaguer. La embestida de Javier Fesser contra ellos no tiene formato de comedia ni de intriga, sino de tragedia. Aun más atroz porque las víctimas son niños. Una cría que es pura vida, utilizada como chivo expiatorio para la glorificación de la muerte y de la voluntad de Dios no ya por los mandarines de la secta sino por su propia, ciega y tenebrosa madre, y una hermana a la que estratégicamente lograron robotizar en la adolescencia, en la edad de la incertidumbre.
Sé lo que rechazo en este testimonio tan alarmantemente hermanado con la realidad. Me molesta la visualización machacante de los sueños y las pesadillas de la protagonista, las naturalistas secuencias del quirófano, un cura joven que resulta más caricaturesco que veraz, la excesiva y obsesiva utilización de la música, un desenlace inútilmente alargado. Me enamora demasiado esa cría maravillosa llamada Nerea Camacho como para distanciarme mínimamente de su tortura. Me creo lo que dicen los niños y cómo lo dicen. Me gusta la piedad de Fesser hacia ese padre débil, dubitativo, aterrado e impotente. Y me provocan mucha grima y miedo los apacibles verdugos. Si te obligan a elegir compañías indeseables entre las pavorosas sectas casi prefería a los simpáticos y siniestros ancianitos de La semilla del diablo. Y me entra el mal rollo cada vez que recuerdo Camino, lo cual me hace deducir que posee fuerza, que me ha tocado.
He apreciado el intimismo, la sutileza y la comprensión hacia los personajes de la película japonesa Aruitemo, aruitemo, un reencuentro familiar en el que andan sueltos los fantasmas, las viejas heridas, las medias verdades, la imposible catarsis. Y supongo que el caos que describe la curiosa y deslavazada película palestina El cumpleaños de Laila se parece bastante a la realidad. Y me cuesta recordar algo de la pretendidamente graciosa pero delirantemente boba película francesa Louise-Michel. Y lo que me cuentan en la canadiense Mamá está en la peluquería, los consecuentes traumas que padecen tres hermanos por la rotura de matrimonio de sus padres y la huida de la madre, lo ha hecho con mejor fortuna el cine en bastantes ocasiones. Qué difícil te lo pone la Sección Oficial para entusiasmarte un poco con alguna película. Acabas conformándote con lo que sólo es digno. Y la resignación siempre es cansina.
Publicado originalmente en el diario El Pais 26/09/2008
jueves, 9 de octubre de 2008
Carta Abierta a Antonio González
Viendo cómo el se planteaban cuestiones acerca de Antonio Glez. y sus mariachis gente del peso de Ignaciodeloyola, Spiderman, Sy, el mismísimo Satur, me decidí a escribirle esta carta que mando también aquí. Reconozco que no había visitado su página-blog-consultorio hasta que, a través de links publicados en opuslibros me condujeron a él. Le leí y… me indigné. De momento no he recibido respuesta de su parte. Dejo al buen sentido de Agustina el publicarla o no y el que parezcan los nombres de lugares.
El motivo de traerla a estas páginas es poner en su sitio el peso y conocimiento de causa que pueden tener sus comentarios; sobre todo, los referentes a las personas que abandonaron la Obra.
“Querido Antonio tú no te acordarás de mi pero te conozco desde tu más tierna infancia, cuando todos los niños de Francia saben hablar francés.
Siempre has tenido como característica una hermosa faja de caoba: por genética, formación familiar, estudios… y lo recibido de la Prelatura no favorece que ganes en flexibilidad.
¿Te acuerdas de aquél Camino de Santiago donde llevaste a la práctica aquello de “Seguid adelante! Y Delante se perdió y todos con él”? Seguiste andando y andando un día con su noche y todos buscando… buscando. Pero tú no estabas perdido: se perdieron todos los otros.
Ahora eres secretario del club Argüelles y trabajas en unas oficinas de la calle Riscal esquina Fortuny –yo también trabajé allí una temporada-. Lo más cercano al trabajo profesional externo que has hecho, es intentar pescar chicos valiosos en Retamar, colaborando en alguno de los trabajos extraordinarios de física o matemáticas; por cierto sin que al profesor encargado le haga demasiada gracia, por muy hermano de la Prelatura que sea.
Respecto a tu página, blog, refrito… lo que sea, reconozco que tienes una técnica similar a la de las preguntas de tertulias con el Prelado: se reparten entre gente especialmente en buen plan, pitable o adscrito majo, las preguntas que a los dires les parece oportuno hacer. Aplicas a la perfección los métodos de la Prelatura para quien el fin justifica los medios cuando de ella se trata. Por difundir la versión oficial no tienes ningún problema en faltar a la verdad: o sea mentir. ¿No sabes que un millón de mentiras no pueden hacer una sola verdad?
Por eso tu argumento respecto a los ex de la Obra se reduce a repetir esta frase:
Entiendo que digas eso que dices, pero me parece una falta de respeto hacia todas las personas -la inmensísima mayoría: repito- que dejaron el Opus Dei contentos. Que tú estés descontento, no quiere decir que todos los que han dejado la Obra la vean ahora con tus mismos ojos cargados de prejuicios
Ya ves la inmensísima mayoría de los que fueron de la Obra están felices: lo dice Antonio, punto redondo. En un link de tu blog que citaba Ignaciodeloyola el otro día en opuslibros (a ti no te leo directamente) y que he estado buscando – curiosamente está missing-in-combat- afirmabas algo similar a lo siguiente “he conocido decenas de personas que dejaron la Obra y nadie ha sufrido efectos psicológicos…”
¡Pero que me comentas Antonio! ¿A tus 25 años de edad, transcurridos en Llambria, Santillana y Argüelles has conocido decenas de personas que dejaron la Obra? Hombre no dudo que a algún aspirante hayas visto marchar en este tiempo; te concedo incluso algún residente –pienso en uno que si no coincidió contigo fue por poquito y escribe en opuslibros: por cierto en absoluto “contentísimo”-. Pero desde luego no te veo designado por los directores para recibir charlas en cursos anuales con gente ya bragada que te abre su alma, te cuenta que en su centro pasan de él y que va por el cuarto psiquiatra… O menos atendiendo a personas que hayan perdido su trabajo después de lustros ejerciéndolo, por abandonar la Obra. No, no me encajas chico. Te veo montando gymkhanas pero esto otro…
Tú sigue atendiendo tus equipos de fútbol sala para Fátima, aparca bien la furgoneta en Marqués de Urquijo y compra caramelos en dulces Paco. Luego, haz realidad aquella canción: “El tiempo que te quede libre, si te es posible, dedícalo a mi…” No mientas por favor: busca la verdad si quieres y comprométete con ella pero no nos sueltes lo que tu “queridísimo” dijo y hay que retorcer para que se convierta en profecía. Todo se acabará sabiendo: léete el Evangelio de hoy.
Un fuerte abrazo,
Rafinosa
miércoles, 11 de abril de 2007
Ex Opus Dei
En este blog encontrarás enlaces interesantes que te permitirán ver la verdadera dimensión de lo que es el Opus Dei. Por supuesto que la visión de los ex miembros difiere sustancialmente de la que la prelatura del Opus Dei Proyecta sobre si misma en sus webs y medios de comunicación. Consideramos que la libertad de expresión de los que estuvimos dentro enriquece el debate, aunque el Opus Dei piense lo contrario.
domingo, 8 de abril de 2007
Consejos A Padres Con Hijos En El Opus Dei
Carta de una lectora (Montserrat) a una madre atribulada por tener a una hija en el Opus Dei. Publicado el 13-4-2007 en Léalo Íntegro en ExOpus.Net.
Te diré lo que de todo corazón pienso. Tengo 33, ex agregada española felizmente casada (niños aún no han llegado pero estoy ansiosa ya), y sé por qué lares anda tu hija. Por razones evidentes prefiero no revelar mi identidad, y es la primera vez que escribo algo respecto a mi experiencia.
Déjala libre. Llegará un momento en que ella misma verá incongruencias. Si ahora ve tu rechazo extremo, como pasó en mi caso con mi familia, a la hora de la vuelta la vergüenza de un fracaso propio advertido puede ser de hecho un obstáculo para que se decida finalmente a ver que no es lo suyo. Aunque no lo creas, aún nunca dejando de vivir en casa, el salirse de la Obra es una vuelta a casa. ¿Vives realmente en una casa? ¡Si estás más tiempo fuera que dentro!¡Tienes siempre por dentro ese sentimiento de no pertenecer a ningún lado! Ni a un centro, donde solo hay numerarias la mayor parte de las veces (excepciones las hay siempre).
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